Sebastián Barría fue uno de los expositores del tercer seminario “Educación Técnica para el Desarrollo” realizado en Punta Arenas. Propietario de uno de los emprendimientos gastronómicos más innovadores y exitosos de la ciudad, accedió compartir su experiencia, desde que era estudiante de la educación técnico profesional, su perfeccionamiento en el extranjero, hasta cómo corona su éxito con la puesta en marcha de “Entre ollas y sartenes”, un restaurant de sushi en la periferia de la ciudad. Su presentación no pasó inadvertida. Su simpatía, su empatía con el público y su dinamismo atrajeron la curiosidad de los presentes. “Me aburría en el liceo, entonces cuando me tocó dictar clases me puse en el lugar de los alumnos y aprendí que el movimiento es importante, el hacer reír, romper esquemas así trato de concitar la atención”, dice explicando su puesta en escena. ¿Qué ha significado para ti ser emprendedor? “Yo vengo de una familia de trabajadores independientes, en donde si no se levantaban no había plata. Mi madre era de las pocas apatronadas de la casa, pero con un tremendo espíritu emprendedor. Y en el caso mío, si hay algo que me estresa es cumplir con horarios, así que con mi esposa Cecilia notamos que teníamos que generar algo propio. Entre esos, hemos tenido 10 o 12 negocios, en muchos quebramos, pero cada vez que cometíamos algún error o el negocio no funcionaba, sacábamos lecciones y aprendizaje para lo que siguiera. Cuando no nos iba bien volvíamos a nuestro negocio de banqueteros, y eso nos permitía mantenernos y reunir recursos para algún otro emprendimiento. Hasta que yo me especialicé en sushi y logramos hacer un emprendimiento básico en inversión. Tomamos un local en un barrio fuera del centro y con harta promoción en redes sociales. Esto ha sido una base de vida para nosotros. Y los más importante es que ahora, en este encuentro con ONG Canales nos hemos dado cuenta que podemos aportar no solo en base a trabajo, también a contar nuestra experiencia y a llevar alumnos a trabajar en nuestra cocina donde tenemos máquinas de primer nivel”. ¿Esperabas lograr tanto éxito en este emprendimiento? “En todos mis proyectos esperaba el éxito…. Es fuerte emprender, es riesgoso, apuestas el todo o nada por ese sueño y por lograrlo. No pensaba tener tanto éxito con “Entre ollas y sartenes”. He tenido que prepararme mucho, estudiar harto, ahora soy por ejemplo un poco abogado un poco ingeniero comercial, un poco administrador, cultivo mis propias verduras y hortalizas en un invernadero , entonces trato de hacer de todo un poco para hacerlo entretenido y que el desafío sea mayor. Por ejemplo, el salmón ahumado que se consume en el restaurant lo hacemos nosotros mismos, lo ahumamos con madera seca de calafate, eso le da un sabor más fresco”. Fuiste ex alumno de liceo técnico y posteriormente ya como profesional hiciste clases. ¿Cómo fue esa experiencia de enseñar? Mi especialidad es cara. Yo siempre pongo el ejemplo del pollo arrollado. Estamos hablando de 4 mil pesos para la base del pollo, luego vienen los otros ingredientes, entonces para eso se necesita aproximadamente 6 mil pesos por grupo. Y el material obviamente debe ser siempre fresco. Y ahí nos topamos con que no siempre hay recursos. Y hay falencias graves en el tema económico. Los técnicos se necesitan mucho pero lamentablemente no están muy calificados. En mi caso, yo tengo que preparar a quienes llegan a mi local y adecuarlos al estándar que requerimos. Y la parte educacional es importante y los técnicos nivel medio deben llegar con competencias mínimas, lo que no siempre pasa. Hay un problema de no contar con productos, horas, infraestructura, condiciones laborales para los docentes que no son idóneas, que el alumno pueda hacer uso de su creatividad y lograr un mejor aprendizaje. Es frustrante decir que los estudiantes salen y no pueden aportar lo suficiente en aquello que entraron a estudiar.